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Cumaná: la noche que ardieron los libros

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  Como si se tratara de hordas de enemigos bárbaros y hostiles, la oscuridad de la noche y la complicidad de ciertos funcionarios se conjugaron para que masas de vecinos y delincuentes entraran al recinto de los textos sagrados: ardieron más de 120.000 ejemplares, cuarenta años de historia consumidos por la brutalidad. Además, absolutamente todo lo que pudieron saquear desapareció esa misma noche. A la mañana siguiente solo quedaría el olor chamuscado del papel y las cenizas en el aire: una tristeza silenciosa, la resignación. En la periferia de la universidad, vecinos expectantes, hambrientos y desesperados —víctimas también, hay que decirlo, de un régimen populista— se hacían los desentendidos. Fueron ellos. Podría ser esta una crónica medieval, una de esas en las que los habitantes de algún pueblo muestran su hostilidad hacia un centro de estudio. Pensemos, tal vez, en la masacre de Santa Escolástica en 1355, en Oxford, o en los conflictos recurrentes que se vivieron en Camb...

El Caribe entre los Andes

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  El Caribe entre los Andes, evocando la nostalgia del salitre. La selva perdida en la nieve. Nuestras manos magulladas, nuestras miradas, nuestros silencios cuentan historias: casas muertas de un país roto. Algunos rompen reglas, otros, como si hubiéramos cometido algún pecado original, nos obstinamos en seguir leyes injustas. Sometidos a un silencio voluntario, a esconder el acento, a pasar desapercibidos.                                            

Doblepensar chavista

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El chavismo siempre ha operado desde el doblepensar, ese concepto que Orwell describe en 1984: la capacidad de sostener dos ideas completamente contradictorias y exigir que ambas sean aceptadas como verdad, no porque describan la realidad, sino porque el poder así lo necesita. Un ejemplo evidente es el discurso de la soberanía. Se habla de una Venezuela libre e independiente, mientras en la práctica el país ha estado sometido al aparato de inteligencia cubano, alineado con los intereses de potencias como Rusia e Irán, y económicamente atado al capitalismo de Estado chino. Todo eso ocurre al mismo tiempo, sin que —según el relato oficial— exista contradicción alguna. El doblepensar chavista ha encontrado en la posverdad a su mejor aliada. La realidad deja de ser algo objetivo y comprobable para convertirse en una emoción, en un relato conveniente. No importa lo que ocurre, sino cómo se cuenta y cómo se siente. La razón, el análisis y la evidencia pasan a ser sospechosos, cas...

La forma tardía del duelo

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  Papá murió el 5 de enero de 2010, hace ya dieciséis años. Hoy, a mis 31, eso significa que han pasado más años desde su muerte que los que vivimos juntos en el plano terrenal. Para mí, la muerte de papá fue un hecho traumático que, de algún modo, ya veía venir. Su enfermedad cardiovascular, agravada por un ACV en marzo de 2009, era lo suficientemente grave como para admitir solo dos posibilidades: vivir con severas restricciones motoras y del habla, en una afección constante que apenas podía mantenerse “estable”; o que, en algún momento, la situación se complicara hasta desembocar en la muerte, conclusión fatal, pero realista. Cuento esto porque, a mediados del año pasado, tuve una noche extraña. Desperté después de haber soñado con papá y con mis hermanos —no recuerdo exactamente qué—, lo cierto es que desperté llorando. Pasé horas así, sin saber del todo por qué. Fue entonces cuando comprendí que había cosas que, incluso después de tantos años, no habían sanado. Es simple...

Yo, el otro

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           Entre la multitud bulliciosa e impasible, me reconocí.     Era una mañana de abril de 2025; lo recuerdo bien. En un arrebato de suerte, logré encontrar un asiento en uno de los vagones atestados: era la hora pico. Al sentarme, dirigí la mirada al frente y me vi entre las piernas y los cuerpos de los demás pasajeros. Estaba justo enfrente. Sin duda era yo, con unos quince años más, pero era indiscutiblemente yo. Me reconocí en mis propios gestos y en la mirada. Curiosamente, mi yo mayor no parecía advertir mi presencia.    Llegamos a la estación Macul, y una multitud que iba rumbo al estadio bajó. Aproveché el momento y traté de observarme disimuladamente con más detalle, de analizarme. Estaba nuevamente seguro de que era yo; no había sido una breve confusión ni un delirio. Y la niña de unos diez años a su lado era mi futura hija —conclusión a la que no sé cómo llegué—. Veía mis arrugas, mis canas, la calvicie que había avanza...

Breves apuntes sobre la lectura a la obra de Primo Levi

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        Si esto es un hombre Los que vivís seguros en vuestras casas caldeadas, los que os encontráis, al volver por la tarde, la comida caliente y los rostros amigos:  Considerad si es un hombre  quien trabaja en el fango,  quien no conoce la paz,  quien lucha por la mitad de un panecillo,  quien muere por un sí o por un no.  Considerad si es una mujer  quien no tiene cabellos ni nombre,  ni fuerzas para recordarlo,  vacía la mirada y frío el regazo  como una rana invernal. Pensad que esto ha sucedido: os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones al estar en casa, al ir por la calle, al acostaros, al levantaros; repetídselas a vuestros hijos.  O que vuestra casa se derrumbe,  la enfermedad os imposibilite,  vuestros descendientes os vuelvan el rostro. Testigo en carne, hueso y espíritu del horror infligido por los nazis en los campos de concentración, Primo Levi sobrevivió para dejar constancia de la barbarie sufrida. A trav...

Causa archivada

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Nota: Este texto no es más que una conversación imaginaria sobre hechos que, de alguna manera, sí sucedieron, y que a la fecha siguen sucediendo. En un bar del centro de Santiago me reencontré con José Ignacio. Su mirada taciturna y sus gestos pacientes se habían acrecentado con el pasar de los años. Siempre fue tranquilo—excesivamente tranquilo, diría yo—en su vida cotidiana. En el aula casi nunca hablaba, a menos que algún profesor le preguntara algo; y en las reuniones de los grupos estudiantiles parecía siempre introspectivo, metido en sí mismo y en sus pensamientos, como si existiera un muro infranqueable entre él y el resto de quienes lo rodeábamos. No quiero decir con esto que resultara antipático. Al contrario: su tranquilidad e inteligencia nos resultaban de lo más agradables. Al principio no entendía por qué decidió formar parte del grupo. Pensé que se había unido a nosotros por pura inercia, que algo dentro de sí lo empujaba a estar con un grupo de estudiantes políticos re...