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Mostrando entradas de abril, 2025

Yo, el otro

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           Entre la multitud bulliciosa e impasible, me reconocí.     Era una mañana de abril de 2025; lo recuerdo bien. En un arrebato de suerte, logré encontrar un asiento en uno de los vagones atestados: era la hora pico. Al sentarme, dirigí la mirada al frente y me vi entre las piernas y los cuerpos de los demás pasajeros. Estaba justo enfrente. Sin duda era yo, con unos quince años más, pero era indiscutiblemente yo. Me reconocí en mis propios gestos y en la mirada. Curiosamente, mi yo mayor no parecía advertir mi presencia.    Llegamos a la estación Macul, y una multitud que iba rumbo al estadio bajó. Aproveché el momento y traté de observarme disimuladamente con más detalle, de analizarme. Estaba nuevamente seguro de que era yo; no había sido una breve confusión ni un delirio. Y la niña de unos diez años a su lado era mi futura hija —conclusión a la que no sé cómo llegué—. Veía mis arrugas, mis canas, la calvicie que había avanza...

Breves apuntes sobre la lectura a la obra de Primo Levi

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        Si esto es un hombre Los que vivís seguros en vuestras casas caldeadas, los que os encontráis, al volver por la tarde, la comida caliente y los rostros amigos:  Considerad si es un hombre  quien trabaja en el fango,  quien no conoce la paz,  quien lucha por la mitad de un panecillo,  quien muere por un sí o por un no.  Considerad si es una mujer  quien no tiene cabellos ni nombre,  ni fuerzas para recordarlo,  vacía la mirada y frío el regazo  como una rana invernal. Pensad que esto ha sucedido: os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones al estar en casa, al ir por la calle, al acostaros, al levantaros; repetídselas a vuestros hijos.  O que vuestra casa se derrumbe,  la enfermedad os imposibilite,  vuestros descendientes os vuelvan el rostro. Testigo en carne, hueso y espíritu del horror infligido por los nazis en los campos de concentración, Primo Levi sobrevivió para dejar constancia de la barbarie sufrida. A trav...