Causa archivada
Nota: Este texto no es más que una conversación imaginaria sobre hechos que, de alguna manera, sí sucedieron, y que a la fecha siguen sucediendo. En un bar del centro de Santiago me reencontré con José Ignacio. Su mirada taciturna y sus gestos pacientes se habían acrecentado con el pasar de los años. Siempre fue tranquilo—excesivamente tranquilo, diría yo—en su vida cotidiana. En el aula casi nunca hablaba, a menos que algún profesor le preguntara algo; y en las reuniones de los grupos estudiantiles parecía siempre introspectivo, metido en sí mismo y en sus pensamientos, como si existiera un muro infranqueable entre él y el resto de quienes lo rodeábamos. No quiero decir con esto que resultara antipático. Al contrario: su tranquilidad e inteligencia nos resultaban de lo más agradables. Al principio no entendía por qué decidió formar parte del grupo. Pensé que se había unido a nosotros por pura inercia, que algo dentro de sí lo empujaba a estar con un grupo de estudiantes políticos re...