El llamado de la patria
Escribo estas líneas desde fuera del país que nací, en una especie de autoexilio que no solo me ha llevado a mí, sino a 8 millones de personas, todas buscando refugio fuera de nuestra patria. Es doloroso, para cada uno de nosotros, vivir esta situación, ver desde la distancia cómo nuestro pueblo es sometido a la represión, la persecución, las torturas; ver cómo el tirano se aferra al poder a costa de la sangre de la gente que amamos. Decir lo obvio nunca está de más: ganamos abrumadoramente. Y no solo ganamos, es que tenemos las pruebas. Le hemos quitado el relato al tirano, y a él solo le queda aferrarse al poder mediante la represión, la posverdad y la banalidad de sus discursos ridículos y los de sus personeros. Ahora, en este preciso momento de nuestra historia, somos —y debemos ser— más fuertes que nunca. Debemos ser pacientes e inteligentes. Esta es la revolución de la dignidad, aquello que nunca han logrado quitarnos. Caen las máscaras de los viles personajes que quedarán...