Breves apuntes sobre la lectura a la obra de Primo Levi

       





Si esto es un hombre

Los que vivís seguros
en vuestras casas caldeadas,
los que os encontráis, al volver por la tarde,
la comida caliente y los rostros amigos:
 Considerad si es un hombre
 quien trabaja en el fango,
 quien no conoce la paz,
 quien lucha por la mitad de un panecillo,
 quien muere por un sí o por un no.
 Considerad si es una mujer
 quien no tiene cabellos ni nombre,
 ni fuerzas para recordarlo,
 vacía la mirada y frío el regazo
 como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
al estar en casa, al ir por la calle,
al acostaros, al levantaros;
repetídselas a vuestros hijos.
 O que vuestra casa se derrumbe,
 la enfermedad os imposibilite,
 vuestros descendientes os vuelvan el rostro.


Testigo en carne, hueso y espíritu del horror infligido por los nazis en los campos de concentración, Primo Levi sobrevivió para dejar constancia de la barbarie sufrida. A través de su escritura nos legó un testimonio imprescindible que advierte sobre los peligros del totalitarismo y el odio, y nos recuerda en qué puede desembocar la pérdida de humanidad.

Aquel delirio colectivo, justificado en nombre de un falso progreso, de la supremacía racial, de la pseudociencia absurda y de experimentos atroces, condujo a matanzas sistemáticas y culminó en la mayor guerra y el más brutal exterminio de seres humanos del que tengamos registro en toda la historia.

La obra de Levi es un recordatorio constante de cuán irracionales y perversos podemos llegar a ser los hombres. Pero también nos enseña que, más allá de los golpes, las torturas y las humillaciones, la dignidad humana permanece mientras seamos conscientes. La única libertad que nadie puede arrebatarnos —la libertad de pensamiento— nos acompaña en los momentos más oscuros y actúa como un faro que guía nuestra humanidad incluso en las circunstancias más adversas. Para preservar esa esencia, basta con conservar el frágil armazón que llamamos cuerpo.

Levi, quien era químico de formación, intenta siempre ser lo más exacto e imparcial posible. No asume un papel de juez, y mucho menos de verdugo moral; es solo un espectador que busca contar lo vivido con la mayor precisión. Como si, más que un prisionero, fuera una especie de científico que intenta apartarse de sus emociones para racionalizar lo vivido, darle un sentido, formularse preguntas a las que busca aproximarse con respuestas. Convertir ese ejercicio en su propósito vital: dar testimonio de los horrores vividos y no permitir que se olviden con facilidad.

Es reveladora la sección añadida a la trilogía de Auschwitz titulada Cartas a los alemanes. Allí vemos a un Levi más directo, más indignado ante ciertas respuestas de algunos lectores, insatisfecho con lo que se había convertido en su misión de vida. Expone sus temores: cómo el tiempo va erosionando la memoria colectiva, cómo los nietos de los supervivientes ven el horror como un asunto lejano del pasado; cómo el pueblo alemán se siente redimido de su culpa histórica o, peor aún, busca justificarse o desentenderse, mirar hacia otro lado, hacer de todo aquello solo un episodio más de la historia.

Y aunque Levi sea fulminante en algunas de sus conclusiones, sabemos por su propia obra que la realidad es más compleja. Que existen zonas grises en las que conviven la complicidad y el oportunismo con el simple deseo de sobrevivir. Eso vale tanto para el Lager como para la vida cotidiana de los alemanes sometidos al aparato totalitario nazi.

La obra de Levi es el recordatorio de todo esto y más. Es también una exploración de la condición humana, un análisis sobre la perversión del poder, de los límites de nuestra comprensión del sufrimiento. Habla de vida y muerte, de hombres y mujeres que fueron aplastados, humillados y olvidados, y de los pocos que lograron sobrevivir.

Hoy más que nunca, cuando la memoria se diluye y los discursos del odio encuentran nuevas formas de disfrazarse, la voz de Levi sigue siendo necesaria. Nos obliga a mirar de frente lo que no queremos ver y nos recuerda que la humanidad puede perderse en un instante, si no estamos atentos.

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