El terror como política de Estado y el caso Ojeda

  Ronald Ojedad exmilitar venezolano, desertor de las fuerzas armadas y asilado político en Chile fue secuestrado la noche del 21 de febrero de 2024 en su residencia en la comuna de Independencia. Cuatro hombres con falsos uniformes de la PDI (policía de investigaciones de Chile) lo sacaron a la fuerza de su apartamento. El 01 de marzo su cuerpo fue encontrado bajo cemento en una fosa en la comuna de Maipú.

  El gobierno chileno desde un principio declaró el caso como secreto, se le prohibió a las funcionarios hablar sobre el tema o dar informaciones mientras continúan las averiguaciones, se emitió una alerta roja de Interpol y se reforzaron la seguridad en  las fronteras. Interrogantes muchas, la opinión pública conmovida.

 El modus operandi apunta que el secuestro fue meticulosamente preparado, además el hecho de que no se pidiera un recaste nos da entender que no se trata de algo realizado por el crimen común o algún tipo de ajuste de cuentas. Casi todo apunta a que la dictadura venezolana está detrás de esto.

No sería la primera vez que la inteligencia del regimén chavista intenta atentar o secuestrar a un opositor o desertor  en el exilio, ya lo han hecho con éxito en países como Colombia (caso Franklin Caldera), y han habido denuncias de asilados que dicen no sentirse seguros en Perú o Ecuador. 

 Históricamente las distaduras o regímenes autoritarios han perseguido a sus opositores y desertores en el exilio. En el fondo no nos debería sorprender,  actualmente tanto países como Rusia, China, Arabia Saudita, Irán, Corea del Norte o Cuba han realizado operaciones  de este tipo. El régimen venezolano ha aprendido de sus aliados y ha convertido el terror en politíca de Estado.

  Esta operación de contrainteligencia al parecer tuvo la doble de finalidad de que todo apuntara al régimen venezolano, pero a su vez que fuera dificil o imposible demostrar que efectivamente fueron ellos. Infundir el terror a todo aquel exiliado, hacerles saber que están siendo vigilados, y que en cualquier momento pueden actuar en contra en cualquier parte si el regimén lo desea.
  
 El mensaje va dirigido sobre todo a los exiliados políticos y desertores militares, pero también nos llega a  todo los refugiados; el mensaje va para todos lo que formamos parte de la diáspora de 7.7 millones de venezolanos, nos quieren hacer recordar que aún tienen algún poder sobre nosotros.
La mafia de Miraflores ríe, se regocija al saber que puede seguir infudiendo el terror y haciéndonos daño. Los tentáculos de la dictadura están entre nosotros, forman parte de las mafias, embajadas y organizaciones criminales que operan en múltiples países.

 No nos queda más que estar alerta, denunciar y seguir combatiendo con todos lo mecanismo institucionales a las lacras, esbirros y adeptos del chavismo que nos quieran hacer daño. No solo para estar al salvo, sino porque también es nuestro deber.
  

  


   
  

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