Refugiados y la sociedad de la incultura


 Cruzan la selva del Darién, se lanzan en balsas al Mediterráneo, atraviesan el este de Europa o el norte de África. Pueden ser víctimas del cruento tráfico de personas, de las mafias, del hambre, de los animales y de las enfermedades. Llevan consigo el dolor de la guerra, de las hambrunas, de la persecuciones de todo tipo. Han sido maltratados, humillados y despojados de su hogar; solo buscan un sitio donde vivir en paz, y aún así luego de llegar a Alemania, Reino Unido, España o los Estados Unidos a donde se piensa que podrán hacer una vida, trabajar y ayudar a sus familias, pasan también a ser los despreciados, la escoria , el chivo expiatorio de los populismo principalmente de derecha pero también de izquierda.

  ¿Habrá esperanza en un mundo que no tolera al necesitado de un hogar?

   Resulta que es más fácil culpar siempre al otro, al extraño que habla otro idioma o profesa otra religión, que no nació en tu misma tierra. Aquel a quien ver con recelo.

  Desde nuestra tranquilidad los conflictos de otros nos son totalmente ajenos. Somos incapaces de tratar de comprender el dolor, por simple comodidad o frivolidad preferimos quitar la mirada a los problemas y mirar el TiK- Tok o la irrealidad del instagram. 

  Somos eso, la sociedad de la frivolidad, del desentendimiento, del ridículo y superficial espectáculo que nos ofrece el contenido de la redes sociales; movilizados únicamente por el resentimiento, la intolerancia y el odio. La sociedad de la incultura.

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